Los economistas creyenceros

Gerardo Barboza
16 de noviembre de 2014
Publicado originalmente en English Language Education

  • En consonancia con las reformas económicas, las eductivas también empobrecen
  • Los economistas creyenceros trabajan para hacer más ricos a los ricos
  • Y en educación es lo mismo: despojar al pueblo de una educación científica

Y, me refiero a esos, a los creyenceros*, no a los economistas serios, que fundan sus análisis, artículos y demás publicaciones en fuentes confiables, válidas y evaluadas independientemente.

A los economistas creyenceros desafortunadamente se les ha permitido inmiscuirse en todos los campos. Uno de esos, la educación, acompañados por “especialistas” en educación igualmente creyenceros.


¿Y por qué creyenceros? Porque sus tesis –juegos de azar-, se “fundamentan” en las órdenes llamadas “sugerencias” que dictan los organismos internacionales, especialmente aquellos de índole bancaria.

A los economistas creyenceros se les ha permitido “sugerir” lo que debe hacerse en educación, especialmente en la educación pública. Y se han presentado y se presentan, con la ayuda de los medios de desinformación que controlan, a “orientar” con supuestas nuevas ideas el rumbo por el que Costa Rica necesita andar…

“Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que este sea el demandante de las medidas que se desea hacer aceptar”.

La anterior es una de las estrategias de manipulación de aquellos que mutan de consultor a “autoridad” de gobierno y continúa el ciclo… los mismos creyenceros que han puesto al país en su deplorable condición actual, en la deplorable condición de la educación costarricense.

En sus “análisis” hablan de lo mal que se encuentra la educación: de las “políticas”, los “resultados”, los “gastos” y los “pendientes” como la “universalización” de la educación primaria y secundaria, la “calidad de resultados”, el “reclutamiento” de docentes y sistemas de “premios” para los docentes.

Lenguaje empresarial impuesto a los sistemas de educación; el mismo lenguaje –y prácticas- con el que Chomsky señala cómo las universidades estadounidenses han sido perjudicadas al actuar como corporaciones (Thinking Like Corporations is Harming American Universities; octubre, 2014).

Si esto ha sucedido con la corporativización de la educación primaria, secundaria y universitaria en el país muy al norte, ¿Qué ha estado sucediendo con la educación costarricense en manos de los creyenceros?

Es el mismo lenguaje que presentan en sus publicaciones alineado con el “sugerido”, por ejemplo, por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a la que ya casi las lumbreras a cargo adhieren al país…

Ese mismo lenguaje, copiado de los Estados Unidos de América, de la ocurrencia Value-Added Modeling, o Value-Added Analysis, o bien, Value-Added Assessment (VAM), descalificado por la propia American Statistical Association (Statisticians slam popular teacher evaluation method, Strauss, The Washington Post; abril, 2014), es el mismo con el que los creyenceros criollos con grados doctorales, de maestrías y licenciaturas promueven, por ejemplo, los “sistemas de premios para los docentes”.

Con meridiana claridad, además, expone la Dra. Diane Ravitch sobre VAM: “La pieza central y el elemento de Race to The Top (Carrera a la Cima) más destructivo es la insistencia en que los maestros deben ser evaluados de manera significativa por los resultados de los exámenes de sus alumnos, si suben o bajan. Es destructivo porque hace de las pruebas estandarizadas el propósito de la educación. Las pruebas dejan de ser una medida y se convierten en el objetivo”. (Why VAM Is a Sham; enero, 2014).

En otras palabras, debe continuarse –según los creyenceros- con más pruebas estandarizadas, no solo con las criollas, sino además con las internacionales, para satisfacer dos aspectos esenciales: los deseos de los economistas creyenceros cuya realidad se limita a “indicadores” que no indican nada sustancial, y las cuentas bancarias de las transnacionales productoras de pruebas estandarizadas insuficientes e infundadas, que debemos pagar con más impuestos.

Por eso es que los economistas creyenceros criollos, al igual que los educadores del mismo corte, citan en sus “análisis” el científica e internacionalmente cuestionado Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), de la OCDE.

PISA, es además promovido por algo que llaman “Estado de la Nación” y “Estado de la Educación”, así, como los títulos lo sugieren: “el” estado de un país que un grupo hace ver y fuente “incuestionable” de información… aunque no se conocen evaluaciones independientes de ese estudio “científico”.  

Por eso es que los economistas creyenceros criollos, al igual que los educadores del mismo corte, citan en sus “análisis”, para el caso de lenguas como el inglés, el científica e internacionalmente cuestionado Marco Común Europeo de Referencia (CEFR, por sus siglas en inglés).

CEFR, dizque “analizado” en el sesgado “Estado de la Educación”; “el” estado que no cuestiona las serias falencias del CEFR y sus derivados y adheridos (más pruebas estandarizadas).

Para los economistas y educadores creyenceros criollos, basta con que a PISA y al CEFR se les construya un prestigio por medio del marketing… Como creyenceros, no pueden presentar argumentos fundados. Les basta con la publicidad...

Estos creyenceros son los que han tenido a su cargo el país en las últimas décadas, los que crean crisis, precisamente, económicas, y luego vienen con soluciones que las hacen aparecer como “propias”.

Son como aquellos “barber surgeons” (barberos cirujanos) de la Europa medieval, que sin ser tan siquiera doctores en medicina, debían “curar” a los soldados durante o después de las batallas, o bien viajaban de pueblo en pueblo vendiendo “snake oil”, o lo que conocemos como “pomada canaria”. Quizá en la Europa medieval esto podía justificarse, por tratarse de la medieval… ¿Pero hoy en día, con los avances científicos y tecnológicos del siglo XXI?

¿Pondría usted la educación de sus hijos en las manos de “barber educators”

Atribuyen al connotado economista José Luis Sampedro: “Hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres”.

Los economistas creyenceros, junto con los que se hacen llamar educadores, pero creyenceros, son del primer tipo señalado por Sampedro.

Promueven instrumentos “educativos” infundados, adoctrinadores, el tipo de educación que en la “visión” de ellos deben recibir los pobres que terminan siendo más pobres. La educación fundada científicamente, está reservada para otros…

La distinguida “educadora, lingüista, comunicadora, investigadora y activista social a nivel nacional, latinoamericano y mundial”, Rosa María Torres, nos ilustra mejor con su “Receta para la reforma educativa” sobre cómo es que los economistas y educadores creyenceros “cocinan” lo que debe hacerse con la educación:

“Esta es la receta neoliberal para la reforma educativa instalada en los 1990s, recomendada por el Banco Mundial y otros organismos internacionales a los gobiernos de los “países en desarrollo”. Próximamente actualizaremos la receta, para reflejar las tendencias actuales de la reforma educativa a nivel mundial.

COSTO: Caro

DIFICULTAD: Alta

TIEMPO: Entre dos y cinco años (dependiendo del tiempo político)

INGREDIENTES:

- 1 paquete grande de préstamos y asesoría internacionales

- 1 lata de análisis económico en su tinta

- 1 lata de expertos

- 2 kilos de reforma administrativa bien picada

- 200 gramos de reforma curricular (en rodajas)

- 100 gramos de reforma pedagógica (en polvo, para espolvorear)

- 1 tazón de caldo de descentralización

- 1 educación básica cortada en trocitos

- 1/2 cucharadita de incremento salarial

- 1 cucharadita de incentivos

- maestros y alumnos en proporciones adecuadas (1 por cada 40 ó 50)

- planteles educativos en proporciones adecuadas (1 por cada 2 ó 3 turnos)

- proyectos educativos institucionales (1 por plantel)

- libros de texto y tecnología educativa a gusto

- 1 sobre de tiempo de instrucción (levadura)

- 1/2 cucharadita de capacitación docente en servicio, baja en calorías

- 1/2 vaso de educación a distancia

- 1 sistema nacional de evaluación y pruebas que evalúen el “desempeño” tanto de alumnos como de docentes en el sistema escolar

- un tazón grande de “pago por mérito” a los docentes

- 2 cucharas de recuperación de costos (también llamada “participación comunitaria”)

- zumo de competencia, concentrado (entre alumnos, entre docentes, entre escuelas)

- 1 programa compensatorio grande, finamente picado

PARA LA SALSA:

- 1 lata de consultas y consensos pelados

PREPARACION:

Poner a macerar los préstamos con la asesoría internacional y el análisis económico. Asegurarse de que la cacerola permanezca bien tapada durante la cocción del préstamo.

En una olla grande, rehogar el análisis económico. Cuando esté bien caliente, y en el jugo que ha desprendido, verter la educación básica, asegurándose de limpiarla de la educación secundaria y de la universitaria.

Continuar agregando los demás ingredientes: la reforma administrativa y la descentralización, la recuperación de costos, la tecnología educativa y los libros de texto, el tiempo de instrucción, la educación a distancia y el sistema nacional de evaluación. Para realzar el sabor, agregar unas gotitas de zumo de competencia.

Asegurarse de mantener bajos el fuego y los salarios docentes. Incrementarlos lentamente, vertiendo cada tanto un chorrito de incentivos y revolviendo constantemente, para evitar que espese. Cuando la mezcla haya dado un hervor, agregar los maestros y la capacitación en servicio. Verter la mezcla en un molde refractario a la opinión pública. Espolvorear la reforma pedagógica. Meter al horno a temperatura moderada.

SALSA DE CONSENSO:

En el agua en que se hizo la cocción, y en las proporciones que se indican en el envase, verter políticos, financistas, jerarcas eclesiales, empresarios, burócratas y expertos de organismos nacionales e internacionales, gubernamentales y no-gubernamentales. Condimentar con una pizca de participación docente. Licuar a baja velocidad hasta que el consenso adquiera el color y la consistencia deseados. Sacar la fuente del horno. Aderezar inmediatamente con la salsa consensual, antes de que se enfríe. Servir.

CONSEJO PRÁCTICO:

Acompañar la reforma así preparada con una ensalada de estudios y diagnósticos, un suflé informativo y/o una tortilla de eventos y publicaciones.

ADVERTENCIA:

La reforma educativa es un plato fuerte, pero no el plato más importante del banquete. Ver, en páginas anteriores, las recetas para el ajuste macroeconómico, la reforma administrativa del Estado, la reforma del sistema de prestaciones sociales, y la flexibilización laboral”.

 

* N. de los E. Según el Diccionario de costariqueñismos de Arturo Agüero Chaves, el creyencero es un supersticioso, pero también un brujo o hechicero; y dice bien Gerardo Barboza, pues con sus recetas brujeriles disfrazadas de "análisis científicos" está claro que lo que quieren es acabar con la educación]