Juan Luis Vives y Sarmiento: humanismo y modernidad

Por Guillermo R. Gagliardi.-

1.- Concepción de la caridad pública.-

Como DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (argentino, 1811-1888), JUAN LUIS VIVES (español, 1492-1540) pudo afirmar que podía hacer el Bien porque sabía en qué consistía. Por eso en su “El socorro de los pobres” (1526) dedica una parte a “Origen de la necesidad y miseria del hombre” y otra, a “Cuando pertenezca y convenga a los gobernadores de la República cuidar a los pobres”. Siempre el enfoque docente prevalece, con provecho social y utilidad política.

Para el escritor y hombre público, la Beneficencia del Estado debe ser preventiva y filosóficamente, Liberal, en el sentido de que debe fortalecer la propia dignidad y responsabilidad, evitando la vagancia y el misoneísmo político.

Exaltación y engrandecimiento del hombre, socorro y ayuda al necesitado, para su propia superación. “Cristianismo Constitucional” lo llama S. Política humanista, humanizante, mirada pragmática, de “usefulness”, de capacidad de utilidad y búsqueda de soluciones concretas.

Ya el estudioso valenciano perfiló en su diálogo “El Príncipe niño”, su código de condiciones para los hombres del poder.

(Cons. “Las ideas sociales de S.” F. Weinberg, Eudeba, 1988; “Criterio social de C.”, J. B. Gomis, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1946).

Tanto uno como otro denuncian el concepto irracional de la limosna, como causante de un efecto contrario, pues promueve el aumento de la misma y la ausencia de sentimientos de laboriosidad, superación personal y prevención de la seguridad social.

Observó Marcel Bataillon, el ilustre hispanista francés (1895-1977), que el rasgo sobresaliente de la teoría vivesiana sobre el tema, es el Puritanismo, su “horror moral y físico” ante “la mendicidad profesional” (en su “Erasmo y el erasmismo”, ed. 1977, p. 51-57, 2ª ed., 1983; también su monumental “Erasmo y España”, 1ª ed. 1937, castell. 1950, Fdo. de Cultura Económica). El fraude mendicante por un lado y la superstición mistificadora de la limosna desde la religiosidad hipócrita.

Los gobernantes, sostiene Vives, grita don Domingo, deben ponerse a trabajar vigorosamente para promover la vida útil y feliz, el trabajo productivo, construir “colmenas de la civilización” como Chivilcoy (1857), el Plan Combinado de Sericicultura, educación común e industria pastoril” (1855), la Convención Latinoamericana de Lectura y Traducción” (1884), etc., que emprendió este último.

S.: “La caridad y el Estado”, “Caridad pública” y “Extravíos de la Beneficiencia Pública” (en su “Discursos Parlamentarios” I, Obras Completas, tomo 18).

La caridad limitada, reparadora, según entiende don Domingo, “siembra en campo estéril”, edifica sobre arena. “Bueno es que el enfermo encuentre remedios y asistencia en el hospital, pero precavéos contra la exageración del beneficio, porque fomentaréis la imprevisión del jornalero que disipará en orgías su salario sabiendo que, si la enfermedad lo acomete, otros trabajarán e invertirán en limosna su dinero para volverle la salud” (1859, Carta a José Roque Pérez, abogado y activo hombre público cordobés, fallecido en 1871, fundador de la Gran Logia Masónica Argentina y directivo del Banco Provincia y otras instituciones útiles de nuestro país, en “El logista S.” de F. A. Chaparro, Rosario, 1956, p. 22-23).

Ejercicio cristiano dela caridad moderna y fecunda, concomitante con una obra de previsión social, de fomento del trabajo productivo, y estudio de las necesidades de los pueblos. “Socorred, en buena hora, el necesitado, pero no vayáis a crear una industria a la degradación, ni levantar monumentos a la ociosidad” (íd.).

La “caridad viva” propugnada por Domingo, la de la Educación: “Demos al niño la conciencia de sus deberes en la vida y habremos socorrido millares de pobres, que no lo serán desde que tengan la previsión del porvenir que da un espíritu cultivado”.

Todavía en 1883 continuará con su siempreviva vehemencia y ardiente idealismo, defendiendo y normatizando esta “filantropía republicana” (op.cit., p. 29-30, discurso masónico): “Una forma nueva toma en nuestra época la filantropía, que es nuestro móvil como amor al hombre; y es preparar al que nace a entrar en la vida con los elementos indispensables para la lucha por la existencia: ¡la educación!”.

Para el autor de “Facundo” el Estado debe realizar “el mínimum” legal para contribuir a la asistencia y educación de los que menos tienen. Pero es el individuo, con su conciencia moral y el desarrollo del sentimiento público (“la milagrosa fuente” que mana “al choque de la vara del Aarón de la República y de la Libertad”), y sus organizaciones no estatales las que deben ejercer el “maximum” de influjo para el desarrollo de la inteligencia social de nuestros ciudadanos, son los que deben pronunciar primeramente el “sursum corda” movilizador: “Nadie puede tener fortuna para legar a sus hijos, o darse comodidades, sin contribuir en proporción a ella a extinguir la barbarie de los que la tienen” (1865, carta a Eduardo Costa, Ministro de Instrucción Pública en la Presidencia de Bartolomé Mitre; recogida como Introducción a “Las escuelas, base de la prosperidad y la República en los Estados Unidos”).

Preceptiva paulina del Trabajo, ética del propio esfuerzo, práctica de la Caridad genuinamente evangélica.

Sobre las normas renovadoras del humanista español, observa Bataillon (traductor del “Facundo” al francés en 1934, autor de “S., l’écrivain”, 1939, de una Introduc. a “Rec. de Prov.”, 1947, etc.) llovieron los mismos ataques que sobre las proposiciones sarmientinas en discursos y escritos en los diarios: “tendría dos clases de enemigos: de una parte, los pobres que prefieren su ociosidad viciosa a una vida de sobriedad y de labores; de otra, los administradores parásitos de las instituciones piadosas” (ob. cit.)

Bregan con igualdad de intenciones críticas, por la supresión de “los zánganos de hospitales” y la modificación de las costumbres especuladoras sobre Beneficencia en hospitales e iglesias, su secularización y municipalización.

En todo deducimos que revelan su esencial racionalismo. El uso integral de la Razón es básicamente constitutivo de todo el revolucionario ideario sarmientino. El “judicium” vivesiano, es constante y fecundo en su figura de vanguardia dentro de la historia intelectual de Occidente.

El criterio individual y libre, que define totalmente la condición humana, según la psicología del adelantado doctor de Lovaina, el futuro “lumen naturale” del método riguroso del filósofo y matemático Descartes (1596-1650), anuncia las inducciones probatorias de Francis Bacon, 1561-1626, filósofo y Canciller británico, autor de “El avance del conocimiento”, 1605 y “Novum Organum o Indicaciones relativas a la interpretación de la Naturaleza”, 1620, instaurando la categoría lógica del Método Experimental Inductivo (V. Alain Guy, importante académico e hispanista francés, 1918-1998, autor de una “Historia de la filosofía española”, 1982 y “Vives o el Humanismo comprometido”, ed. de Barcelona 1997; “El siglo de oro. J. L. V.”, en su “Los filósofos españoles de ayer y de hoy”, ed. española 1966, p. 51-57, 1ª ed. francesa, 1956, t. 1).

“Vives dio el último y definitivo asalto a la barbarie en su propio alcázar de la Sorbona; en él comienza la escuela moderna”, de tal modo define el erudito santanderino, “vivista” devoto, Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912) su criticismo auroral en el mundo Renacentista español (en su “Ensayos de crítica filosófica”, 1898; también “La ciencia española”, etc.).

 

2.- “Sinite párvulos venire ad me”.

Seguramente hubiérale interesado al precursor psicólogo y antropólogo, en la Valencia de su juventud o en Brujas de su madurez y consagración, haber tratado personalmente a Sarmiento. Por ejemplo, en su “De Anima et Vita” (1538), ahondar en auroral estudio sobre la psico - fisiología de los caracteres Geniales o respecto de la naturaleza de los temperamentos iracundos, su pasión y sentimientos, que el pedagogo cuyano ilustró con exuberancia.

También habría admirado el detallismo de las consideraciones educativas de las obras sarmientinas,, su preferente concesión a la experiencia y los hechos en detrimento de logomaquias y tecniquerías. Su “De ratione studii puerilis”, por el valor y modernismo optimista de “Educación Popular”, “Educación Común”, “Ideas pedagógicas”, “Las escuelas base de la prosperidad y la república en los Estados Unidos”, “Informes sobre Educación”, etc.

La nobleza de sus análisis y constructivismo de sus proposiciones. Él mismo en “De tradendis disciplinis” (1531), igualmente deslumbra con sus observaciones renovadoras llenas de amor hacia la enseñanza y de ocupación por los más mínimos menesteres del magisterio.

Y también destacamos el poder irradiante de sus escritos didácticos. En don Domingo, le llevó a sembrar de escuelas y bibliotecas nuestro territorio e inspirar a su posteridad en esa línea de “hacer de toda la República una Escuela”.

En Vives, la inducción al rey Juan III de Avis, de Portugal, apodado “el Piadoso” (1502-1557), para fundar la Universidad de Coimbra en 1537 (antecedida en 1290 por el “Estudio General” inaugurado por el rey Dionisio el Labrador y reconocida por el Papa Nicolás IV). Por otra parte las numerosas ediciones y traducciones de su Enciclopeda educativa impresa por primera vez en Amberes, y que delineó con sólidas bases el ideal pedagógico naturalista y social del Renacimiento y demolió de manera definitiva, el decadente sistema de su época, el dogmatismo y la pedantería en las escuelas y universidades.

Educar al Soberano, el lema sarmientino célebre, tribulación principal de su “apostolado americano”, perspectiva abierta a Lo Nuevo, contribuyó a abolir los principios de la educación colonial, seguro enemigo ideológico de la Escolástica última, la vacuidad retórica y el anti-cientificismo. Juan B. Terán (1880-1938), educador, hombre público y escritor tucumano, afín al sanjuanino en sus concepciones intelectuales, autor de “Espiritualizar nuestra escuela” y “La salud de la América española”, sintetiza esta herencia gravosa para el alma de América: “Nuestro espíritu rezuma por todas partes esa vieja herencia; así nuestra educación atiborrada de gramática y de fórmulas, de sistemas hechos y falsificaciones clásicas. De ahí, de ese pasado, ha surgido un país en que el funcionarismo es un ideal y en el que la politiquería da gloria” (“La universidad y la vida”, 1921; en su “Obras Completas”, tomo V, 1980, cap. “Maestros y alumnos”, discurso pronunciado en 1915 con el título de ”El intelectualismo y los ideales morales en la enseñanza”).

Como S. desde la institución del Colegio de Pensionistas de Santa Rosa en Chile (1839) hasta sus escritos y fundaciones escolares más importantes, en Chile y Argentina, sus dos patrias; también Vives, debemos enfocarlo como avizor de “puellarum institutione”, un visionario de la potencia de la Mujer y de su misión moral en la Humanidad.

Aboga por la preparación ética y doméstica femenina, realista y católica, instrumento del manejo de una familia, la crianza y moral de las relaciones hogareñas, y una educación armonizadamente estética, espiritual y práctica: “Educación de la Mujer Cristiana”, 1524; “De la educación liberal de los jóvenes y de las muchachas”. S: “De la educación de las mujeres depende la suerte de los Estados”, según sentencia en “La mujer y la Civilización” o “Educación de las mujeres”, cap. III de su “Educación Popular”, tomo 11 de sus Obras Completas, y en t. 47, t. 12: “El trabajo de la Mujer”.

En el “Facundo”, en muchos escritos de pelea y discursos, su autor ejerce su acerba crítica, en parecido tono racional que Vives, contra la enseñanza universitaria colonial. Censura de la Escolástica, del verbalismo insustancial. Propone una Didáctica cientifica y experimental, al modo que ya el sabio español planeó anticipatoriamente.

Anuncia la pedagogía modernizadora, nacionalista e investigativa desenvuelta magistralmente, contra vientos y mareas en Argentina, por el Dr. Bernardo A. Houssay (1887-1971), entre otros. Toda su política científica, precursora y fundamentada, conviene en la reforma universitaria americana. Aspecto rico y sugestivo de la pedagogía sarmientina, no suficientemente tratado por sus exegetas, atendiendo a que él mismo acentuó la importancia de la escolaridad primaria, en una mayoría analfabeta, como base de la República de sus sueños.

Cuando luego en “Recuerdos de Provincia” (1850) ataca la filosofía del Padre Pedro I. de Castro Barros (1777-1849), consagra el pensamiento de Bacon como producto genuino de la libre especulación del espíritu: “la filosofía tal como la indicó Bacon no la conoce él”. El historiador y jesuita Guillermo. Furlong se pregunta en su estudio sobre el fraile riojano, censurando el apasionamiento anti hispano del maestro sanjuanino: “”¿Sabía acaso S. que lo mejor de Bacon estaba tomado del español Vives?” (ob. cit., 1961, p. 35).

En la novela “La ingratitud de S.” de Juan Carlos Casas (1998), Don Domingo como personaje literario recuerda a Vives en un diálogo con Alexander MacKay, personaje también histórico, que viajó por América del Norte en los mismos años que el sanjuanino por primera vez (1847), referente al Absolutismo del Gobierno de J. M. de Rosas, entre 1835-1852. En el cap. 4, p. 93, Domingo expresa a través de la pluma del autor: “Los métodos de Rosas recuerdan los de la Inquisición española, cuando, como expresó Juan Luis Vives, un gran educador español, ‘es tan peligroso hablar como mantenerse callado’- dijo Sarmiento”.

Proponen una didáctica de la expresión espontánea, valorativa de la enseñanza incidental, de la palabra y presencia palpitante del maestro y de los contenidos formativos de la vida como materia principal de los estudios, “permagnae sunt et ad loquendum et ad recte sentiendum utilitate”.

Estas características renovadoras son las que trasmiten los ágiles “Colloquia” (1539) del español o los caps. de “Educ. Popular”, los “Preacepta educationis” del republicano. En esta obra aquilata su autor la importancia de la “lectio ad rectos mores formandos”. Pedagogía no libresca, de sólidos resultados, según él observó asombrado en las escuelas prusianas (1847), donde el maestro de escuela, muestra la relación dinámica y práctica de la lección “con los deberes diarios” y “los negocios actuales de los hombres” (ob. cit., tomo 11 de Obras compl., ed. Luz del Día, cap. VII, p. 359-360).

Es también el método del diálogo vivaz de la comedia clásica que preconiza Vives, según la analiza el prof. A. J. Schroeder en su “La enseñanza del latín en J. L. V.” (en “Homenaje a A. Barbagelata”, 1994, t. 2, p. 309-316). Didáctica renacentista de la Alegría, de la Risa como fuente de salud espiritual y de la integración de “Institutio et Experimenta”, del estudio formal y la experiencia asistemática, los libros y las cosas.

Como lo confirma S. en su correspondencia a Eduardo Costa, ministro de Mitre (30-9-1865), al frente de su obra “Las escuelas...”, Obras, t. 30): “ese sistema teórico-experimental que tan bien me ha salido siempre, por lo que al bien público interesa”. Basamenta su método de pensamiento, que consiste en “presentar el resultado realizado en parte, como un argumento a favor de la practicabilidad de una idea”.

Entre las imágenes más aleccionadoras y tipificadoras de la imagen del Maestro Universal, “sua probitate et sapientia”, hallamos, congenialmente, a Don Domingo devoto del bíblico “Sinite párvulos venire ad me” (“Evangelio según San Mateo”, 19, 14), revelando su aptitud evangélica, sembrador de escuelas y bibliotecas populares.

No me quiten la gloria de ejercer mi magisterio cristiano, grita el cuyano: la instrucción “de los monuelos”, de ellos “es el reino de los cielos”...

Arquetipos de Pasión de entrega y misión apostólica: ; es también la vocación de Vives por “la instrucción en el bien saber y el bien vivir”. Y el sabio hispano, elevando su condición de intelectual renacentista a supremo Educador, dedicado noblemente a su “De ratione studi puerilis”, a su “Lingua Latinae Exercitatio”, manifestando así el “Thesaurus” de su grandeza a la posteridad.

3.-Humanismo filosófico y político.

 

Vives es el primer Antropólogo, el nuevo tipo de Antropólogo. Desde la Filología a la Filosofía, hacia las Ciencias político—sociales, al saber positivo. Como S., de la Colonia escrituraria y la provincia aislada de Cuyo, a la sabiduría pragmática del maestro-estadista que aspira con fervor a mejorar las condiciones de vida del hombre y fundar la República.

Ortega y Gasset caracteriza el humanismo filosófico vivesiano: “una nueva e intacta tarea ve ante sí: ciencia rigorosa y empírica, técnicas sociales –política, educación, organización del pauperismo-; en suma, un estudio positivo de lo humano –individual y colectivo-, una antropología” (J. O. y G., “V.-Goethe”, 1940, y en sus “Obras Completas”, t. 9).

El mejor Sarmiento, el más secreto y de perenne gloria, no el recio político y bravo polemista, el de corazón desbordante de ternura y delicadeza, sensibilísimo y amoroso de todo lo viviente, reside en la prosa viviente y cálida de “Mis Pajaritos”, del “Diario de viaje de N. York a Buenos Aires”, “Recuerdos de Provincia”, “Vida de Dominguito”, “Poema del Agua Dulce”, entre otras páginas entrañables; “Prosa de vivir y pensar” las denominó Eduardo Mallea (1943) en contrapartida con “Prosa de vivir y combatir”, sensibles y ejemplares aquéllas, beligerantes y duras éstas.

Por su parte, Vives humanista, el más humano y genuino, vive espontáneo y rico de cotidianeidad, no el intelectual adusto y “de grande y fiera dignidad”, permanece a través de los siglos, en los “Diálogos” para el ejercicio del Latín, dibujando sus “pequeños cuadros auténticos”, miniaturas literario-didascálicas, según lo evócale escritor español “Azorín” (José Martínez Ruiz, 1873-1967) con su fineza habitual (“Lecturas españolas” 1912; y en tomo 2 de sus Obras Completas, Aguilar, “Un sabio”, p. 537-540)..

Éstos los vemos como Prohombres “desde dentro”, medularmente, inmortales “sentidores”, tal como postulaba el escritor-filósofo español en su “Goethe desde dentro” en 1932. Excursión maravillada por almas intensas, de imperial universalidad.

Precocidad y enciclopedismo de la Cultura de Vives. Inclinación al modo humanista del Renacimiento español, por la Antigüedad y el Cristianismo. Teología y Clasicismo pagano. Erasmo de Rótterdam, el sabio neerlandés (1466/60-1536) es su maestro esplendoroso en Filología y Filosofía.

Prevalencia de las fuentes Romanas, yanquis y francesas, en S. Superior sensibilidad social, interés profundo por la educación de los párvulos. “Sobre el socorro a los pobres” (1525), luego en 1531 “Sobre las enseñanzas” (“De Disciplinis”), su obra magna, anticipadora reflexión sobre la Cultura. Y después “Sobre el alma” y “Coloquios”, texto de clase para el aprendizaje del Latín.

“Fue dulce y de gran mansedumbre” dice Ortega, sobre el notable valenciano. No es ésta la constante sarmientina: polémica y ejecutiva. Pero ambos personajes, paradigmas de Responsabilidad personal y colectiva.

Los une una común “Devotio” hacia la Modernidad. Hombres absolutamente libres, precursores, innovadores, adelantados, señeros en su época.

El elegante y brioso retórico también tiene destacada capacidad para ejercer su “pòlemos”. Así en su virulenta invectiva pública “Contra seudodialécticos”, en su desdeñosa visión de la fortuna, su moralismo trascendente, su radical crítica, siguiendo la estela erásmica, contra los Libros de Caballería y la inmoralidad y mentira que conllevan (en su “Instrucción de la Mujer Cristiana”), “De causis corruptarum artium”, etc.

Admite la libertad popular sólo cuando “se pone al servicio del apostolado espiritual” (Bataillon, p. 617). V. también, Gregorio Marañón, “L. Vives. Un español fuera de España”, 1942, luego en su “Españoles fuera de España” 1947; Joaquín Xirau: “El pensamiento vivo de J. L. V.”, 1944; Delia O. de Montoya: “J. L. V. y la madurez de la conciencia pedagógica moderna”, rev. “Universidad”, nº 9, Santa Fe, sept. 1941, Univ. Nac. del Litoral; Tomás de Lara: “Ubicación de J. L. V. en el Renacimiento español”, Edic. Católicas Argentinas, 1943).

En su “La Ciencia Española” (I, 1953, artículo de 1876: “Mr. Masson redimuerto”; en sus “Escritos y discursos de crítica histórica y literaria”,t. II, estudio “Humanistas españoles en el siglo 16”, 1878, incl. en su “Bibliografía Hispano-Latino Clásica”, 1950, t. III). Allí el historiógrafo y ensayista eminente traza un denso y sintético estudio de su “Vivismo” y de la constitución intelectual, asombrosa y renovadora del hombre ilustre.

Examen crítico, dotado de “nervio, energía y grandilocuencia”, de todo el saber de su tiempo. “De corrupta gramática” y “De corrupta dialéctica” adunan metódicamente el principio de autoridad y normatizan con fundamento lógico el saber experimental, claro y distinto , de la Era Moderna.

Une rigurosidad y amplitud espiritual, juicio racional y elevado. Para el vivesiano entusiasta, “las reflexiones bajo su bandera”, de Menéndez y Pelayo, el punzante polemista de Brujas debe colocarse históricamente a la vera de Descartes, Kant y Hegel, por la hondura e influjo universal de su pensamiento, su poder de análisis, su novedad, autonomía y fecundidad extraordinarias (v. “Antología General” de Mz. y P., Bibl. de Autores Cristianos, 1956, Madrid, t. I, p. 295-298 y 370-383).

Toda esta obra, una “Instauratio Scientiarum”, es una viva “Demolición de la Barbarie” intelectual y una construcción de un sistema de pensamiento Nuevo. “No escribía para halagar los oídos con fútiles cadencias, sino para enseñar cosas útiles a la vida humana” (M. y P.).

4.-Fuerza de la palabra y la acción.

 

En su “Retórica” (1533) hubiérale resultado asombroso desentrañar la oratoria sarmientina. Su estilo ático y sentencioso de los discursos de Magistrado, en el que según Paul Groussac (el agudo literato y bibliotecario de origen francés, 1848-1929, dejó varios estudios sarmientinos imprescindibles, recogidos en su “El viaje intelectual”, 1ª serie, 1904 y 2ª serie, 1920, reedit. en 2005) se derramaba “el demonio de la elocuencia”, la frase vigorosa de las piezas populares, el emotivo desborde del verbo festivo, la solemnidad ciceroniana de sus persuasivas arengas políticas. “Héroe de la voluntad”, “Baqueano de las Letras” lo llama el escritor franco-argentino.

La “recta razón”, el vector ético de su lengua de estadista, al modo de los prominentes Cónsules romanos, para probar, explicar y mover. Orador impulsivo. Una retórica de torbellino para denunciar las verdades y juzgar las imposturas. Palabra viril de amor y terneza conmovedores para agradecer homenajes, de escolares y de connacionales que lo admiran y lo ven eternizado, cosificado, en el bronce.

Responde a los principios teóricos vivesianos, según las referencias de M. y Pelayo en su “Historia de las Ideas Estéticas” (III): racionalidad y eticidad, equilibrio y armonía de la expresión, tal como lucen v.gr. en su “Discurso a la Bandera”, del 24 de setiembre de 1873. Abominación socrática de toda Sofística y la dilatación del poder de la oratoria, su extensión a otros géneros, así la epístola política, elocuencia y razonamiento mancomunados (Correspondencia con Mitre o Urquiza, previas a su Presidencia), la denuncia periodística, diatriba estoica, al modo de Demóstenes, Catón o Cicerón, apología republicana (artículos en su última campaña, en “El Censor”).

“Él cree en la fuerza de la palabra hablada y de la letra impresa” expresa el escritor argentino José Luis Lanuza (1903-1976) en su erudito y encantador libro “Las brujas de Cervantes”, 1973, p. 207-216: cap. “J.L.V., preceptor del príncipe”, 1941), y se refiere a Vives, pero es asimismo idea fija en don Domingo (a quien la valiosa pluma, evocativa y documentada, de Lanuza estudió en su “En la intimidad de S.”, 1961, “Echeverría y sus amigos” 1967 y en la obra primero citada, cap. “Una imagen de S.”, p. 76-77).

Creen en que “los libros acabarán con la locura humana” pero también saber “mirar al mundo y deleitarse con los sentidos”. El goce, “solo a hurtadillas” como confiesa el sanjuanino. En Brujas, el humanista canta composiciones populares, gusta del espectáculo de las calles, los bailes de obreros y artesanos,. Alaba al “Creador de tanta hermosura, admirable y digno de ser adorado!”.

Por su parte S. se entusiasma en Europa y en América con las “chinganas” y zamacuecas, con los festejos tradicionales chilenos, la tauromaquia madrileña, o exalta los tipos del cateador del Desierto de Atacama, el rastreador, o la escenificación de los crepúsculos cordilleranos.

Vives enseña a Felipe II de Habsburgo, Rey de España de 1556 a 1598, controvertido hijo de Carlos V, que la verdadera Nobleza (abomina expresamente de la española analfabeta y vulgar, infatuada e inmoral), consiste en “el buen modo de vivir y entero y cabal juicio de las cosas”. Ética y lógica que definen a la “vida civilizada”, por la que brega Sarmiento.

Juan Francisco Alcina, en su estudio y traducción del sabio valenciano, califica e ilustra como “terrible” su antiespañolismo, de pasión y voltaje sarmiento. Mejor dicho, su opinión respecto de la educación y la cultura de sus coetáneos ibéricos: “la frialdad de nuestros compatriotas por el afán de las Letras” (1538).

“Sólo España descuida con su enseñanza la educación de quien los demás países llegarán a admirar” (1548). Tono crítico y pre-larriano como las polémicas de tres siglos después, batallas ideológicas y lingüísticas sarmientinas en Chile, 1841-1842 (“Artículos críticos y literarios”, “Ortografía americana”).

Todo lo cual no oscurece en ambos parangonados, su raigal hispanismo tradicional y liberal. (V. “Diálogos” de J. L. V., ed. Planeta, introd., trad. y notas J. F. Alcina, 1988, p. XI).

Saúl Taborda (1885-1944) en su “S. y el ideal pedagógico” (en t. III, 2º vol. de sus “Investigaciones Pedagógicas”, selecc. por G. Cirigliano, ed. Secr. de Cultura), puntualiza la fuente muy importante del pensamiento del autor de “Argirópolis”, en el humanismo vivesiano: “el ideal de la personalidad”, “el hilo de oro de la historia de España”.

La médula de Libertad de Conciencia y Dignidad Humana de la concepción sarmientina, se nutre de “aquella educación razonada y eminentemente religiosa, pero liberal” del genuino genio español.

“Aquellas sublimes ideas morales” y el respeto soberano a la autodeterminación de la persona, encarecidas por el autor de “Educación Común”, principio “muy liberal sin dejar de ser cristiano” (según reconoce Domingo a las enseñanzas perennes de su tío el clérigo Oro).

Hallan su manantial iluminador estas ideas luminosas, en la pedagogía renacentista del maestro de “Fábula del Hombre”. Inclusive Taborda, en la gran obra mencionada (1951, t. II) señala la fuente vivesiana de la psicología pedagógica sarmientina, y que bebió y desarrolló nuestra generación fundadora, con una señalada índole religioso-liberal, lógica y a su vez metafísica, tal como nuestro sanjuanino la experimento en la Escuela de la Patria y en la del Presbítero Oro en San Luis.

Raíz de la pedagogía hispana que “tenía a su servicio una psicología de la autodeterminación y de la personalidad, doctrina de la Autonomía Humana que profesó Domingo.

Inmortal humanismo español, popular e ilustrado, hijo de las concepciones del sabio de “Las Disciplinas”. (J. Valderrama de Robinson, “S., maestro de América”, Univ. Tucumán, Facultad de Filosofía y Letras, 1976, espec. p. 34-35).

Además de su talento filológico y teológico, Vives posee un alto sentido antropológico, social, pedagógico y político. Su “De conditione vitae christianorum sub turca”, su “De concordia et discordia” y otras, revelan esta fuerte arquitectura histórico-política de su mente.

Pacifismo preocupado por la elevación de la sociedad, denuncia el pauperismo , los conflictos entre el comunalismo y el capitalismo en el desenvolvimiento de las colectividades.

El gobernante ha de ejercer la dignidad de su mando con el máximo de “integridad e incorruptible justicia” y cuando fuere necesario, “de justicia severa e inflexible también” (en su “Epístola Nuncupatoria a Juan III”, 1531, en la primera parte de su “Las Disciplinas”).

La mayor libertad, reflexiona el español y la hace suya el legócrata sanjuanino, ocurre en la República, siempre que “las leyes y los derechos estén al servicio de los hombres” y que “los hombres obedezcan y sirvan a las leyes y a la equidad” (loc. cit., trad. L. Riber, 1948).

En el Libro 4º, “De la corrupción de la Retórica. “ Cap. 1, establece que “El vínculo principal y la consistencia de todas las sociedades humanas son la justicia y la palabra”. Preponderancia del Derecho en la vida cívica y ejercicio veraz del gobierno, y nobleza en actos y escritos. Don de la elocuencia, virtuosa y activadora, primordial en la Democracia.

Producto de la Gracia Divina, conceptúa el teólogo a la natural Autoridad en el ejercicio del poder y la mano Benevolente en la acción gubernativa, en que consiste la “Virtus” (hábito y energía) política por excelencia.

Señalamos la actitud epistemológica inconformista pero reconstructiva de Vives: “No cabe duda que es mucho más conveniente para el progreso de la cultura aplicar la crítica a los escritos de los grandes autores, que descansar perezosamente en la sola autoridad y aceptar sistemática todo cuanto nos proporciona la fe ajena”.

“Y a nosotros, nos estarán vedados el libre examen y la crítica honrada y franca” (Prefacio a los Libros de las Disciplinas). Este principio crítico del verbalismo universitario, y reparador de la cultura “aletargada y casi muerta”, (según escribe en 1529, Dedicatoria a Carlos V, de su “Concordia et Discordia in Humano Genere”), guía, por ejemplo, las polémicas chilenas de S. en 1841-1842, circunscribiendo la norma general vivesiana a un campo intelectual específico de su tiempo: el de Clasicismo y el de Romanticismo Social. “Aunque rabie Garcilaso”, el joven escritor en el exilio bate parches contra el criterio de “los viejos modelos” y la necesidad de “adquirir nuevas ideas” para nutrir un autèntico pensamiento liberal americano (Obras Completas, t. I y II; N. Pinilla: “La polémica del Romanticismo”, 1942; L.-Lorenzo Rivero “Larra y S.”, 1968).

5.- Evaluación final.

S. y Vives, personalidades controversiales, propugnan pues, teorías y prácticas distintas a las tradicionales, en diversas áreas del conocimiento y actividades humanas, “para generalizar mejores nociones que las heredadas”.

“Lo que es yo (...), cultivo otro campo de la vida del Señor”. Preparar recuerdos y medios: “Esto es lo que he aconsejado y practicado toda mi vida. Disminuir la clientela del médico y ahorrar camillas y camas en los hospitales, educando al pueblo para que mejore de condición” (1883, en la inauguración del Hospital de Caridad, de Rosario; en Obras de S., t. 22). En esos días rosarinos, lo exalta el progreso fabril de la ciudad, pronuncia otro discurso de contenido no menos relevante. “Las Colonias”, al instalar la Sociedad Protectora de los Animales local. Al describir con fervor esos progresos materiales y sus largas consecuencias sociales, dice “pintar un cuadro de la felicidad humana por el trabajo”. Ésa es la caridad preventiva, pública y privada, de individuos o asociaciones verdaderamente cirsitanos. que “es el Proteo de la fábula, reviste toda clase de formas”.

Educar al género humano, entiende entusiasta el idealista schilleriano, consiste en prepararlo para las inclemencias de la vida, para la subsistencia y mejoramiento material y espiritual. “En lugar de cúpulas y torres que fatiguen al cielo plegarias, levántense graneros colosales”, que tienden la mano a los progresos, proporcionan trabajo a las familias y así posibilidades múltiples de dignificación de la vida.

El Derecho y la Libertad se conquistan con el sudor de la frente. Por eso considera entre las mayores caridades, la promoción del Libro y de la Lectura. Advierte, el primer bibliopsicòlogo latinoamericano, que por cada biblioteca que se instala, un garito, una taberna se cierran, se evitan cientos de vidas desgraciadas e inmorales. Convierte a la Caridad en Política: educación pública, justicia, prosperidad a través del esfuerzo laboral y capacitación profesional, constituyen el Cristianismo Constitucional que toda la Gesta Sarmientina llevó a cabo, que él llama “bendiciones de un gobierno liberal” (v. conclusiones de su necrología de Da. Paula Jara Quemada de Martínez, 1851, en tomo III de sus Obras).