El lenguaje como instrumento de reflexión: como usar esta función en la enseñanza de idiomas

Sumario

 

Tradicionalmente se ha pensado que el lenguaje sirve básicamente para comunicarse. Está muy en acorde a la intuición imaginar que primero pensamos en una especie de lenguaje personal, íntimo y mudo para luego poner el pensamiento en palabras y así poder comunicarlo.

La enseñanza de Lenguas Extranjeras se ha basado siempre en aumentar y mejorar la comunicatividad del estudiante en el idioma que estudia, algo perfectamente lógico si tenemos en cuenta la opinión tradicional sobre la función del lenguaje.

Esta opinión, que nunca ha sido probada, ha sido, sin embargo, puesta en entredicho por la experiencia de la neurobiología en numerosos estudios sobre personas supervivientes a enfermedades o accidentes cerebrales y por una multitud de experimentos.

En consecuencia, una nueva teoría ha surgido en los últimos años que sugiere que el pensamiento abstracto, la reflexión y la planificación se dan en lenguaje público y que, de hecho, si por alguna razón, el individuo pierde sus capacidades lingüísticas también pierde la capacidad de pensar en nada más que el aquí y ahora.

Según esta teoría una de las más importantes funciones del lenguaje sería la de procesar y elaborar información y otra, la comunicativa, tendría como objetivo el extender más allá del individuo la posibilidad de analizar ideas de manera que todo un grupo o un colectivo aúne capacidades para obtener un resultado mucho mejor.

Estas funciones deberían ser consideradas a la hora de desarrollar métodos de enseñanza de idiomas pues si las ignoramos podríamos estar dejando pasar la oportunidad de dar un gran salto cualitativo que haría del aprendizaje de idiomas una experiencia mucho más liviana y enriquecedora de lo que es en la actualidad.

Porqué es necesario introducir cambios en la metodología de enseñanza de lenguas.

En los últimos tiempos la comunidad científica, especialmente neurobiólogos, psicólogos, neurocirujanos y todos aquellos que directa o indirectamente estudian el funcionamiento del cerebro y de la mente han realizado avances espectaculares en el campo del conocimiento de lo que es y de donde surge la conciencia y, lo que más atañe a la enseñanza de idiomas, el papel del lenguaje en el pensamiento consciente. También hay bastantes filósofos de renombre incluso entre las comunidades científicas que han contribuido con sus razonamientos a proponer hipótesis y líneas de trabajo que auguran un futuro lleno de sorprendentes descubrimientos en este campo.

Como biólogo de formación siempre me interesó el funcionamiento del cerebro y como surge la mente y la consciencia de la materia gris. Como profesor de español me he dado cuenta de la importancia que estos estudios pueden tener en la efectividad de la enseñanza del español como lengua extranjera o de cualquier otro idioma y esto es lo que quisiera introducir a continuación.

Hipótesis sobre las funciones del lenguaje.

La hipótesis de un idioma privado y uno público defendida por Noam Chomski y Jerry A. Fodor, sobre para qué sirve en lenguaje dice que este surgió, en un principio como un instrumento de comunicación, parecido al que usan muchos mamíferos como los leones que rugen para advertir a un enemigo de su peligrosidad o el ladrido de los perros que puede significar alegría, miedo, etc, o el más complicado código de los chimpancés que aún así está a años luz de la complicación del lenguaje humano.

Según esta hipótesis el lenguaje surgió para comunicarse y se desarrolló para transmitir informaciones cada vez más complejas como ideas abstractas, hipótesis, planes de futuro, etc. Se dice que habría un lenguaje interno del cerebro, el mentalés, que sería algo parecido al código máquina de 0´s y 1´s de los ordenadores y uno público que sería el que usamos para comunicarnos, algo así como la interfaz del sistema operativo en el ordenador. Nosotros pensaríamos algo en mentalés y luego lo traduciríamos a palabras. Según esta teoría el diálogo interno que mantenemos cuando pensamos sería, tan solo, una preparación para poder comunicar fácil y rápidamente lo que queramos decir, en cualquier momento. Esta teoría aunque muy intuitiva, no cuenta, de momento con ninguna experiencia científica que la avale.

Nuevos estudios científicos, sin embargo, apuntan a otra teoría que es la que, bajo mi punto de vista tiene una gran relevancia en la enseñanza de segundos idiomas. Esta teoría ideada por el psicólogo ruso Vygotski y cuyo defensor actual más relevante es el filósofo Daniel Dennett dice que no existe nada parecido a un idioma interno como el mentalés. La información que entra a través de los sentidos sería procesada por diferentes partes del cerebro. Esto lo corrobora la experiencia de muchos neurocirujanos que han tratado a supervivientes de accidentes. Las disfunciones mentales que presentaban se repiten cuando afectan al mismo área del cerebro lo cual ha permitido trazar un mapa tridimensional de las partes del cerebro que controlan diferentes funciones mentales. Habría procesos a bajo nivel entre los cuales se encontrarían los que llevarían a respuestas de tipo animal como cambios emocionales o reacciones instintivas y procesos a alto nivel, que serían los diferentes tipos de reflexión: sobre características físicas, espaciales o geométricas, analizar, hacer hipótesis, hacer planes de futuro, etc. Estos últimos procesos se realizarían íntegramente usando las herramientas de la gramática, la sintaxis, la semántica y vocabulario del lenguaje público y serían de capital importancia, no sólo para comunicarse sino para procesar la información que nos llega a un nivel que sin el poder de abstracción ni de concentración de información que poseen las palabras ni el poder de manipulación que sobre ellas confieren los diferentes instrumentos de la gramática, sería posible.

La experiencia científica.

Una de las experiencias más emblemáticas que relaciona la neurobiología con la importancia del lenguaje sería la que permitió la epilepsia única en su género que sufre el padre John, relatada ápliamente por André Roch Lecours & Yves Joanette en

“Linguistic and other Psychological Aspectsof Paroxysmal Aplasia” y otros artículos.

Este monje sufre un tipo de ataques epilépticos que afectan, tan sólo, a una pequeña área del cerebro en la cual se encuentran los mecanismos de reconocimiento y producción lingüísticos. Algo llamado, en literatura médica, afasia.

Cuando el padre John tiene un ataque no cae al suelo presa de un paroxismo nervioso y muscular. El padre John, entonces, puede realizar todo aquello que no requiere funciones linguísticas como caminar, manejar objetos, reconocer expresiones faciales, etc.

Lo único que el padre John puede comprender cuando otras personas intentan comunicarse con él durante un ataque es, precisamente lo que a los escritores y poetas siempre les ha resultado más difícil expresar, las emociones, concretamente las que se reflejan en la expresión de rostro y el lenguaje corporal.

Durante sus ataques, el padre John no es capaz de pensar ni en las posibles consecuencias de su situación presente ni en el pasado ni reflexionar sobre el futuro. Mientras dura la afasia su vida es, para él, una sucesión inconexa de momentos presentes.

Por su parte Vygotski descubrió, ya en los años 30, que el desarrollo de habilidades en los niños iba parejo a su desarrollo lingüístico y que aquellos que más hablaban consigo mismos mientras realizaban una actividad eran los que más rápidamente la dominaban.

Otros experimentos como los realizados por Hermer-Vazquez et al. (1999) “Spatial Cognition & Computation” han demostrado que se puede no poder pensar por culpa del ruido. Más concretamente han probado que el ruido, al impedir oír los propios pensamientos, puede llegar a impedir resolver problemas de orientación espacial.

En resumen, según la segunda teoría que he expuesto, el lenguaje que hablamos es también el que usamos para pensar. Lo necesitamos para crear y recrear dentro de nuestros cerebros, en nuestras mentes el mundo en el que vivimos. Lo necesitamos para pensar en el pasado, reflexionar sobre él, para hacer planes y para realizar simulaciones que nos lleven a imaginar las posibles consecuencias de sus realizaciones.

Si esta teoría es cierta las personas que hablamos diferentes idiomas vivimos, de hecho, en mundos diferentes y eso no sólo se referiría a la cultura en la que hemos crecido sino que las herramientas (gramática, vocabulario, fonética, etc.) de nuestro idioma nos conferiría habilidades y limitaciones para comprender y recrear en nuestras mentes el mundo que nos rodea que los hablantes de otros idiomas no tienen.

Propuesta de mejoras pedagógicas en la enseñanza de idiomas

Tratar la lengua que enseñamos simplemente como un medio de comunicación y pretender que nuestros alumnos lleguen a ser capaces de decir todo lo que nosotros podemos es absurdo mientras no se les enseñe a usar las reglas gramaticales y de sintaxis no como medios para expresar sus pensamientos, porque para ello ya cuentan con instrumentos gramaticales en su propio idioma, sino para pensar. De esa manera dejaría de colisionar la gramática aprendida en su infancia con la nueva y el aprendizaje de un segundo idioma se podría liberar de la pesada carga de frustración que siempre supone esa colisión de mundos.

Mi propuesta es añadir a las habilidades básicas que se enseñan en el aula de idiomas como escribir, hablar, entender el lenguaje oral, otras relacionadas con el pensamiento. La literatura científica trata extensamente los campos fundamentales en los que el lenguaje es necesario para pensar, quizás quien mejor lo haya sabido plasmar haya sido el psicólogo Andy Clark en “Magic Words: How Language Augments Human Computation”, en el que habla de seis funciones básicas.

1- Aumentación de la memoria: al permitir almacenar datos fuera del cerebro, es decir en papel

2- Simplificación del entorno. Al permitir “etiquetar” diferentes aspectos de la realidad que luego pueden ser tratados por separado como objetos.

3- Coordinación: el lenguaje permite concentrar la atención en un asunto y coordinar las actividades de varios individuos.

4- Permitir cambios en el camino de aprendizaje. Las personas recibimos una educación que delimita nuestras posibilidades de aprendizaje futuras. Esta educación es como un camino y cada cultura posee sus propios caminos que, gracias al lenguaje pueden cambiar para mejorar las posibilidades de los individuos.

5- Bucles de control. Uno puede, por ejemplo, escribir sus planes, sobre el papel para poder observarlos como si fuesen ajenos y modificarlos, de esa manera se crea un bucle que controla nuestro propio comportamiento o el de otros.

6- Manipulación y representación de datos. Es lo que hago al crear este texto. Organizo mis ideas mientras lo escribo, lo leo y lo reorganizo, añado y quito información innecesaria o la cambio de lugar, lo releo y lo corrijo. El texto resultante sería imposible de producir sólo pensando.

Quizás el cuarto punto no tenga nada que ver con las posibilidades de esta teoría en la enseñanza de idiomas, si lo consideramos como un idioma aprendido por adultos ya educados, pero podría tener implicaciones en la educación a nivel de enseñanza primaria y secundaria.

Conclusión:

 

Por supuesto todo esto es sólo teoría y como tal debe ser tratada pero creo importante considerar que hasta ahora los métodos pedagógicos han evolucionado no basándose en leyes científicas sino en teorías sobre la cognición que, en determinados momentos han gozado de mayor aceptación.

Actualmente contamos con suficiente experiencia científica como para que la teoría de que el pensamiento superior se produce en la lengua materna de cada uno sea considerada seriamente a la hora de hacer cambios en la pedagogía de la enseñanza de idiomas, lo cual no implicaría rechazar los avances que hasta ahora se han realizado, sino incluir sustanciales mejoras.

 

 

 

Bibliografía

Andy Clark “Magic Words: How Language Augments Human Computation”, http://www.nyu.edu/gsas/dept/philo/courses/concepts/magicwords.html

André Roch Lecours & Yves Joanette “Linguistic and other Psychological Aspects of Paroxysmal Aplasia” http://cogprints.org/612/0/CP-1.html

Daniel C. Dennett, Reflections on Language and Mind”, http://ase.tufts.edu/cogstud/papers/sheffield.htm

Hermer-Vazquez et al. (1999) “Spatial Cognition & Computation”, http://www.leaonline.com/doi/abs/10.1080/13875860701418206?journalCode=scc

Vygotsky and Social Cognition, http://www.funderstanding.com/vygotsky.cfm

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