Fiasco con textos de matemática de La Nación: más de uno nos debe más de una explicación

 

En su edición del 8 de abril, página 16A, La Nación anunció que corregiría y reimprimiría los libros de texto de Matemática de II ciclo que publicó en febrero de 2010, y que se los repondrían a quienes los hubieran adquirido, sea comprados o regalados. En este “affair educativo” de La Nación, con la complicidad del Ministro Garnier y el patrocinio de muchas empresas privadas, hay algunas cosas claras y otras bastante oscuras que requieren aclaración. Veamos.

Está claro que la presión ejercida por quienes dimos la voz de alerta sobre el caudal de errores que contenía la serie de matemática, surtió su efecto. ¡Enhorabuena!
Está claro que la serie de matemática resultó un desastre, un fiasco. No fue cuestión de unos cuantos “errorcillos”, ya que de haber sido ese el caso hubiera bastado con publicar una fe de erratas y listo. No hay que ser un genio para darse cuenta de que “la torta fue grande, muy grande”; si no, La Nación no estaría gastando muuuchos millones para reponer la serie.
Está claro, y eso hay que reconocerlo, que La Nación está asumiendo la responsabilidad que le corresponde, reimprimiendo la serie completa de textos de matemática y sustituyendo gratuitamente los libros ya adquiridos, como se les demandó. ¡Bien por ellos! Aunque... “si por la víspera se saca el día”, la nueva edición tendrá todavía muuuchos errores, ya que ellos mismos reconocen en su artículo que más de la mitad de los fallos señalados no los van a corregir. Estaremos muy atentos a esta nueva edición “corregida”.
Está claro que el Ministro de Educación Pública, don Leonardo Garnier, avaló y recomendó públicamente esos libros (ver artículo y video en http://www.nacion.com/ln_ee/2010/enero/26/aldea2239770.html).
Está claro que hubo mucha gente involucrada en el proceso: docentes que redactaron los libros, asesores, revisores curriculares, filólogos, diseñadores, diagramadores, directores, coordinadores, editores... (ver página 2 de cualquiera de los libros de la serie); además de distribuidores, patrocinadores... Todos con una cuota de responsabilidad en el proyecto.

Pero, por otro lado, no queda claro por qué el Ministro avaló los libros. ¿Es que nuestro Ministro de Educación no sabe sumar, restar, multiplicar y dividir? ¿Es que no sabe diferenciar un pentágono de un hexágono? ¿Es que no sabe que el gramo y el litro no son unidades de medida de superficie, qué 29 no es múltiplo de 3, que la hipotenusa debe medir más que los catetos, que no se pueden hacer conversiones entre unidades de masa y unidades de volumen, que 15 minutos y 2 segundos no equivalen a 15,2 minutos, que Costa Rica tiene más de 4 millones de habitantes, que 14 no es la quinta parte de 120, que la razón entre 12 y 14 no es la misma que entre 14 y 12, que el área de un rectángulo no es base por altura entre dos, que 390 no es un número ordinal, que... que... que... y más de 400 ques? Por favor... es matemática que usted aprendió en la escuela don Leonardo. ¿O es que avaló los libros sin siquiera haberlos leído?; lo cual, como mínimo, podríamos llamar negligencia de su parte. En cualquier caso, don Leonardo, ¡nos debe una explicación!, sobre todo si va a seguir al frente del MEP en la próxima administración.
No queda claro por qué gente de prestigio, como doña Yessenia Oviedo Vargas y don Manuel Murillo Tsijli, encargados de la revisión curricular de la serie, no detectaron los cientos de errores que “brincan”, cual pulgas afiebradas, casi en cualquier página que se abra de los tres libros que componen la serie. ¿Es que solo prestaron su nombre, sin siquiera leer los libros?
No queda claro por qué quienes redactaron los libros lo hicieron con tanta desidia. ¿O es que no revisaron los libros antes de que fueran publicados?
No queda claro cómo es posible que los libros pasaran por tantas manos y nadie se percatara de tantos y tan obvios errores. ¡Es inconcebible! ¿Es que nadie los leyó? ¿Qué pena señores(as)?
No queda claro cómo es que muchas empresas privadas prestaron sus nombres para promover materiales de tan mala calidad académica. ¿O es que tampoco revisaron lo que estaban “regalando”; tal vez siguiendo aquel refrán que reza: “A caballo regalado no se le miran los dientes”? ¿Fue eso?, porque en este caso, estimados empresarios, casi todos los dientes del flamante caballo resultaron cariados.
¿Es que todos ustedes menospreciaron a nuestros niños y niñas, sobre todo a los más necesitados, a los más vulnerables? ¿Es que creyeron que nadie se iba a dar cuenta? ¿No hay ya suficiente mediocridad? ¿No les lastima la conciencia?
Quedamos a la espera de las explicaciones correspondientes; suponiendo, claro está, que tengan la libertad para hacerlo y no se les haya exigido “confidencialidad” respecto al tema; de ser así, habrá que aplicar aquello de que “el que calla, otorga”.

Lic. Ricardo A. Molina Vega

(Trabajo colectivo)