El tratamiento del contenido de la Farmacología como reto de la superación profesional de los docentes de la carrera de Medicina.

Autores: MSc. Pedro Miguel Milián Vázqueza; Dr. C. María Magdalena López Rodríguez del Reyb; Dr. C. Maritza Berges Díazc.

 

Instituciones de los autores:

a) Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos; b) Universidad de Ciencias Pedagógicas de Cienfuegos; c) Universidad de Ciencias Pedagógicas de Villa Clara.

 

 

Resumen:

La prescripción racional de medicamentos y la educación de la población en contra de la automedicación y el empleo innecesario e fármacos constituye una de las responsabilidades sociales de la práctica médica. Por tal razón, la Farmacología se erige como contenido que debe dominar el Médico General y el Especialista para realizar su función básica, la de prestar atención médica integral. Esto exige que el tratamiento del contenido de la Farmacología se aborde en todos los espacios formativos y en las diferentes asignaturas y disciplinas de la carrera. Tarea que requiere la preparación del docente para ello y la superación profesional constituye una vía para lograrlo. Este artículo dirige su objetivo a reflexionar acerca del tratamiento del contenido de la Farmacología en la carrera de Medicina y los retos que exige a la superación profesional de los docentes de la carrera.

Palabras claves: tratamiento del contenido, enseñanza de la Farmacología, superación profesional del docente, carrera de Medicina.

Introducción

Uno de los problemas que aún no alcanza los resultados que se necesitan en formación de los egresados de la carrera de Medicina, está relacionado con la preparación que reciben para la prescripción médica y fomentar estilos de vida en contra de la automedicación y el empleo innecesario de fármacos, prevenir y detectar reacciones adversas a los medicamentos, así como efectuar -con bases científicas- un uso racional de los mismos[1]. Esta situación constituye una preocupación en las valoraciones que en torno al tema se realizan en las investigaciones extranjeras y cubanas (Milián, 2007; Blanco, 2008; Bignone, 2009; Marchand, 2009; Mir, 2009; Licea, 2010; Tase, 2010), pues los errores de prescripción y los problemas relacionados con los medicamentos[2] no solo repercuten de manera negativa en la salud de los individuos sino que generan pérdidas económicas a los pacientes y a los gobiernos.

Entre las causas identificadas en los estudios de esta problemática se revela las insuficiencias que presenta el tratamiento del contenido de la Farmacología (Rodríguez-Carranza, 2008; Cruz, 2010; Milián, 2010, 2010b). En principio, se advierte la influencia que ejerce la concepción curricular que tienen los docentes de la carrera al abordar los contenidos farmacológicos desde las asignaturas que imparten, pues es evidente que estos no identifican su papel en la formación farmacológica del Médico General más allá de la referencia espontánea mediante comentarios en los contenidos que lo propicien o en las relaciones que emergen como parte de los casos clínicos que se discuten. Asimismo, se responsabiliza al docente de Farmacología con el tratamiento del contenido de esta disciplina.

Esta situación ocupa a los directivos y didáctas de las Ciencias Médicas en Cuba, tanto desde el punto de vista político (MSP, 2010) como en las discusiones acerca del tema en los Simposios de Enseñanza de la Farmacología[3], se reitera la necesidad de concretar el tratamiento del contenido de la Farmacología desde las posibilidades que brinda cada asignatura del currículo. Sin embargo, no se promueven acciones orientadas a la superación de los docentes de otras disciplinas de la carrera en esta materia

El estudio empírico realizado en el año 2002 -Milián (2002)- confirmó esta situación. Por un lado es evidente que la preparación de los docentes de la carrera de Medicina para implicarse en el tratamiento del contenido de la Farmacología es un obstáculo en este propósito: los docentes declararon falta de actualización en los contenidos farmacológicos y asumían este proceso de manera espontánea, situación que se confirmó en la observación de las actividades que se realizaban en la clase o en la educación en el trabajo. Estas se caracterizaban por su carácter informativo y por la insuficiente orientación hacia la utilidad profesional.

Esta situación se corroboró en los intercambios nacionales e internacionales con profesionales de la enseñanza de la Farmacología y la Terapéutica (Milián, 2010), los cuales coinciden en asegurar que el tratamiento del contenido de la Farmacología por los docentes de otras disciplinas se caracteriza por la trasmisión de conocimientos asociados a la experiencia personal y a los protocoles de tratamiento que utilizan las diferentes especialidades, sin que se logre promover la aplicación de las fundamentos farmacológicos a las decisiones de prescripción. Asimismo, no se consigue aún insertar en este proceso la intención formativa de preparar al Médico General para la promoción del uso racional y responsable de medicamentos como una tarea esencial de los profesionales de la salud.

Este artículo dirige su objetivo a reflexionar acerca del tratamiento del contenido de la Farmacología en la carrera de Medicina y los retos que exige este a la superación profesional de los docentes de la carrera para que puedan cumplir con esta responsabilidad curricular.

Desarrollo:

Según Álvarez (1997), el tratamiento del contenido “requiere de un vasto conocimiento teórico (interdisciplinar) y didáctico, lo que se refleja además, en la necesidad de un trabajo profesional en colaboración, acompañado por decisiones y una organización diferente de la administración institucional escolar, requerimiento que al no cumplirse traba la fluidez de este tipo de secuenciación”. El análisis de estas ideas permite plantear que para realizar un adecuado tratamiento de un contenido particular en el proceso de enseñanza aprendizaje de una determinada carrera, se requiere que los docentes posean conocimientos teóricos y didácticos que le permitan integrarlos y contextualizarlos en su actuación profesional.

El tratamiento de los contenidos es entendido como el modo de interpretar, otorgar sentido y develar las relaciones de los conocimientos, habilidades y actitudes en el currículo a partir de la naturaleza epistémica y didáctica de la disciplina, desde la cual se orienta la intención lógica y secuencial con que estos deben ser abordados en el proceso de enseñanza aprendizaje.

Este revela la racionalidad metodológica que explica las formas en que el docente pone en juego -desde su posición en el currículo- la relación entre qué enseñar y cómo enseñar. Tal consideración asume como requisito la estructuración de la dinámica del proceso de enseñanza aprendizaje con atención a la propia lógica del proceso de formación del profesional. Incluye entonces la relación entre: los contenidos y las formas posibles de abordarlos; entre la estrategia de aprendizaje que utilizan los estudiantes y la estrategia de enseñanza que utiliza el docente; entre los textos básicos y los medios de enseñanza elaborados; entre las formas de comunicación de los sujetos; entre la experiencia formativa, las rutinas, creencias y concepciones pedagógicas del docente.

Se coincide con Bermúdez (2010) en que el tratamiento de los contenidos se entrelaza de forma dinámica con el resto de los componentes didácticos del proceso, esto revela su carácter holístico. Los contenidos se subordinan al objetivo como componente rector del proceso. Es en el tratamiento de los contenidos donde se manifiestan los métodos y procedimientos empleados y se constata el cumplimiento de los objetivos planteados.

Se asume como un proceso abierto a la discusión, la reflexión, la crítica y la investigación, que a su vez sirve de criterio para el diseño y desarrollo del proceso de enseñanza aprendizaje. Por tanto, constituye un reto y una exigencia profesional para los docentes ante el planteamiento curricular normativo y es también resultado de la reflexión sobe las discusiones teóricas y de las experiencias curriculares desarrolladas en este ámbito.

De manera particular, en la carera de Medicina la integración de los contenidos en el ejercicio de la docencia resulta esencial para cumplimentar la responsabilidad que tienen todos los docentes de la carrera de “egresar médicos preparados para ejercer en la práctica con sólidos conocimientos y un enfoque científico de las tareas y problemas que la organización de salud impone como encargo social” (MSP, 2010a), de modo que los graduados puedan cumplimentar la función rectora: la atención médica integral (Corona, 2008).

El tratamiento médico deviene en un elemento esencial de la atención médica integral (Corona, 2008), por lo que se supone que el profesional esté preparado para “aplicar un plan de tratamiento integral” (MSP, 2010a). Para ello debe conocer, ejecutar técnicas y procederes terapéuticos, operar con los medicamentos y usar las técnicas de la Medicina Natural y Tradicional, aspectos en los cuales tienen responsabilidad todos los docentes de la carrera.

Esto pone de manifiesto la importancia del tratamiento del contenido de la Farmacología en la formación del Médico General (Rodríguez-Carrazana, 2008; Milián, 2010, 2010a, 2010b; Álvarez, 2010; Groning, 2010). Sin embargo, a pesar que la relevancia del tratamiento de este contenido en la carrera de Medicina se asocia a garantizar el uso racional de los medicamentos durante el tratamiento de los pacientes, también se relaciona con la preparación de los futuros galenos para educar a los pacientes en contra de la automedicación y el empleo innecesario de fármacos, así como para prevenir y diagnosticar los problemas relacionados con los medicamentos (Desai, 2009; Milián, 2010).

En correspondencia con esta exigencia se precisa que los docentes de toda la carrera favorezcan que “el estudiante se integre a las actividades docente-asistenciales-investigativas propias de cada escenario, participando activamente en su autoformación integral”, así, se debe “propiciar la integración del conocimiento desde las perspectivas inter y transdisciplinarias, en el plano horizontal -dentro del año o ciclo-, o vertical -trans año y ciclo-” (Domínguez, 2007); (MSP, 2010). Por tanto, la integración básico-clínica que se procure alcanzar en distintas áreas del conocimiento y la integración básico-clínica-comunitaria, que exige compartir los escenarios formativos en los que es posible concretar una orientación científica, tecnológica y social del futuro galeno, deberá enfatizar en las aplicaciones de la Farmacología en la práctica médica.

Se deben vincular los estudiantes a las actividades de investigación acerca de la aplicación del conocimiento, métodos y razonamientos científicos, al estudio de los efectos (beneficiosos o perjudiciales) y los usos de los medicamentos en las poblaciones. Tal condición presupone que durante el tratamiento del contenido de la Farmacología en la carrera de Medicina se promueva “el aprendizaje activo, caracterizado por la solución de problemas, el énfasis en el aprendizaje independiente del estudiante, y en la utilización de recursos informáticos y métodos activos de aprendizaje” (Milián, 2010).

Esta situación advierte la necesidad de utilizar métodos y medios de enseñanza en los que se favorezca el intercambio teoría-práctica. En este propósito el docente deberá promover el papel activo del estudiante de manera que sea protagonista de su propio aprendizaje y desarrollo (Domínguez, 2007); (Milián, 2010).

Varios autores (Domínguez, 2007; Lifschitz, 2010; González-López, 2010), al asumir esta posición aluden a la pertinencia de utilizar el método problémico como condición esencial de la formación profesional del Médico General. En este sentido, Milián (2007, 2008), Desai (2009), Cruz (2010) y Aguirre (2010), insisten en que la enseñanza basada en problemas es fundamental en el tratamiento del contenido de la Farmacología. Tal posición se explica al comprender que este método permite desarrollar en el estudiante el razonamiento y el juicio crítico, al enfrentarlo a una situación y darle una tarea o un reto como fuente de aprendizaje, pues el estudiante va descubriendo, elaborando, reconstruyendo, reinventando y haciendo suyo el conocimiento mientras que el docente cumple con el rol de estimulador, facilitador y orientador permanente. Esta verdadera enseñanza promueve un aprendizaje continuo y significativo[4].

Desde esta perspectiva se justifica que el tratamiento del contenido de la Farmacología en la carrera de Medicina se valorice como una oportunidad de aprender a tomar decisiones de manera científica, favorece la adquisición del razonamiento clínico y la utilización de un enfoque holístico para el manejo de las situaciones y con ello garantiza el aprendizaje autodirigido; la capacidad para el trabajo en equipo, la adquisición de la habilidad para escuchar, responder y participar en discusiones relevantes desde una proyección de educación continua a lo largo de la vida (Cruz, 2010).

Al coincidir con Corona (2008) y Domínguez (2007), se identifican las potencialidades de utilizar el método clínico-epidemiológico en el tratamiento del contenido de la Farmacología, pues constituye el propio método de la profesión. Por tanto, al asumirlo como método de enseñanza fundamental para el desarrollo del proceso de enseñanza aprendizaje en las disciplinas y asignaturas de la profesión en la carrera de Medicina, presupone que el docente en su actividad integre contenidos en función de preparar al Médico General para que, al aplicar el método clínico-epidemiológico en situaciones simuladas o reales, deba establecer el plan terapéutico que corresponda y justificar sus decisiones.

Una u otra posición puede resultar restrictiva, pues de lo que se trata, es de asumir una concepción integral de estos en la secuenciación de las prácticas de enseñanza y aprendizaje. Esta consideración se explica al concebir la interrelación entre los métodos problémicos y el método clínico; sin embargo, su utilización dependerá de la graduación que se establezca por el docente, según el año académico, la naturaleza epistémica de la disciplina o asignatura y sobre todo del espacio curricular en que se utiliza. Cursa además como condición atender los niveles de desarrollo del estudiante y los aspectos organizativos de la actividad.

Es evidente que el tratamiento del contenido de  la Farmacología en la carrera de Medicina debe trascender los espacios áulicos para fomentar la educación en el trabajo y el trabajo científico estudiantil, para garantiza la adquisición de los modos profesionales de actuación[5]. Se infiere así la responsabilidad del docente de la carrera de Medicina en el tratamiento del contenido de la Farmacología desde los componentes académico, laboral/asistencial e investigativo, tanto mediante el contenido, como de los métodos de enseñanza que se utilicen y las tareas que se asignen. Esta precisión se legitima en los programas nacionales en los que se establece la responsabilidad compartida de la disciplina Farmacología con el resto de las asignaturas y disciplinas para garantizar el aprendizaje de este contenido. Este proceso por tanto no solo tiene lugar desde los espacios curriculares sino también, en la articulación de las influencias que cada asignatura puede hacer para cumplir este propósito.

Sin embargo, los contenidos de la Farmacología[6] se insertan en el currículo como disciplina médica que, sobre una base científica, combina la experiencia farmacológica y la experiencia clínica y epidemiológica con el objetivo fundamental de mejorar la eficacia y la seguridad en el manejo de los medicamentos (Benet, 2004). Por tanto, todos los docentes para implicarse en el tratamiento del contenido de la Farmacología en la carrera de Medicina deben conocer que la intención fundamental de la disciplina se orienta a la formación de Médicos Generales que realicen una utilización racional de los medicamentos.

El programa de estudio de la disciplina Farmacología (MSP, 2010) declara como objetivo: “Desarrollar una concepción, conducta y actuación científica y humanista que contribuya al uso racional de medicamentos en los niveles de atención primaria y secundaria de salud, partiendo de la aplicación de los principios de la ética médica socialista”. A esta disciplina se le encarga el tratamiento de las bases científicas para el uso racional de los medicamentos, de modo que estos profesionales en su desempeño puedan tratar de forma correcta a los pacientes (Milián, 2010a; Groning, 2010).

Desde este fin, los contenidos se organizan desde el punto de vista didáctico en dos asignaturas: Farmacología General y Farmacología Clínica. La primera aborda los aspectos básicos y generales de la disciplina[7]. De modo general, prepara a los estudiantes para comprender el contenido que reciben en la Farmacología Clínica[8]. Y es que en la formación del médico en Cuba, la enseñanza de esta disciplina valoriza el conocimiento de Farmacología en las actividades profesionales farmacoterapéuticas. De esta manera, el proceso de enseñanza aprendizaje se dirige a que los estudiantes se apropien de las herramientas necesarias para resolver problemas de salud que exijan el empleo de fármacos.

Para cumplimentar tal exigencia los docentes de la carrera deben concebir el tratamiento del contenido de la  Farmacología como un todo único, producto del “entretejimiento” de los contenidos que deben llevarse a la práctica desde los primeros años, en el cual se logre vincular a las ciencias biomédicas en este propósito. Luego, durante el ciclo clínico, el proceso debe continuar y será responsabilidad del resto de las disciplinas concretar esta intencionalidad formativa. Por su parte, la Farmacología como disciplina básica de la clínica, ubicada de forma intencional en el tercer año de la carrera, posee un carácter integrador notable entre el ciclo básico y clínico (Milián, 2010).

En este sentido las asignaturas precedentes le ofrecen los conocimientos y habilidades necesarias para propiciar el aprendizaje farmacológico, y la Farmacología, como sustento de la terapéutica, propiciará el cumplimiento de los objetivos dirigidos al tratamiento de las enfermedades que se estudian en el ciclo clínico. Todo esto en función de lograr que el médico, al egresar, pueda disponer de los conocimientos esenciales para desempeñar las funciones profesionales que exijan el aprendizaje farmacológico.

La anterior afirmación permite asumir que si bien todos los docentes de la carrera de Medicina deben dominar los contenidos que le faciliten ejercer las funciones docentes, investigativas, gerenciales, entre otras, también deben convertir el contenido de la Farmacología y su didáctica en un saber profesional de la actividad pedagógica, para poder realizar el tratamiento del contenido de la Farmacología desde las asignaturas y espacios curriculares que dirigen. Lograr estos propósitos destaca la necesidad de promover en los docentes la motivación por el estudio de la Farmacología, que comprendan la importancia de estos saberes en la actividad profesional y logren integrarlos a situaciones de la práctica médica (Milián, 2007, 2010, 2010b).

Al respecto, las propuestas científicas o metodológicas orientadas al tratamiento del contenido de la Farmacología en la carrera de Medicina no superan los límites curriculares de las asignaturas de la disciplina Farmacología (Desai, 2009; Cruz, 2010; Aguirre, 2010). Sin embargo, el estudio de las concepciones y prácticas de los docentes, realizado en el marco de esta investigación durante el 2010, permitió precisar los cambios que deben asumirse en la superación para que puedan ampliarse los espacios curriculares y tiempos lectivos en los que se aborden el tratamiento del contenido de la Farmacología y se optimicen todas las posibilidades curriculares de cada asignatura para que de forma sistemática e intencionada, se familiarice y ejercite a los estudiantes en la aplicación de las bases científicas, metodológicas y prácticas del uso racional de los medicamentos en función del tratamiento de los pacientes.

Luego, la superación profesional de los docentes de la carrera asume el reto de determinar la manera en que la superación pueda contribuir al tratamiento del contenido de la Farmacología, superar las relaciones formales que emergen de la estructura epistémica de los contenidos disciplinares que se deben abordar para fundamentar y secuenciar las acciones que pueden realizar los docentes para guiar a los estudiantes en el conocimiento y aplicación de los procederes metodológicos en la práctica[9] y sobre todo, fomentar el aprendizaje farmacológico en función de las habilidades terapéuticas.

Desde estas ideas, se precisa un enfoque profesional del saber farmacológico de la superación, que justifique la selección de contenidos disciplinares y permitan propiciar el vínculo o profundización en el tratamiento del contenido de la Farmacología en las diferentes asignaturas de la carrera, de manera que puedan cumplimentar la función informativa y formativa del conocimiento farmacológico que precisa dominar el Médico General (Milián, 2010b).

En este sentido, la superación deberá preparar al docente de la carrera de Medicina para asumir la responsabilidad en la formación farmacológica del Médico General; por tanto, asume como condición el desarrollo de las competencias docentes básicas: cognitivas, metacognitivas, comunicativas, gerenciales, sociales y afectivas, expresadas en una valoración y ajuste de la diversidad de escenarios en que ejerce su actividad profesional; el ejercicio de la investigación e innovación curricular, no solo desde sus asignaturas y espacios de influencia especializada y además deberá prepararlo para contribuir en aquellas áreas de desempeño de mayor repercusión socioprofesional.

Al respecto Díaz-Veliz (2005), Cordero (2007), Pinya (2008), Casero (2010), insisten en que para cumplir este propósito la superación juega un papel esencial en el dominio de conocimientos básicos de didáctica -sobre todo- para diseñar, desarrollar y evaluar el currículo y tomar decisiones acertadas, según su participación en el proceso formativo y las especificidades curriculares del proceso de enseñanza aprendizaje que dirigen.

Así, el tratamiento del contenido de la Farmacología en la superación se convierte en contenido de las actividades de superación de los docentes, en tanto estos asumen la responsabilidad para familiarizar, profundizar e integrar este saber a su actividad pedagógica profesional, a partir del alcance de sus asignaturas según el año y disciplina en que trabaja. Cada docente deberá, entonces, preparase para diseñar, desarrollar y evaluar actividades que tengan una implicación curricular y/o extracurricular -académica, investigativa o laboral-, e incluso responder a una articulación y secuenciación de tareas que las incluya como sistema asociadas a evaluaciones, trabajo científico estudiantil o solo como tareas docentes para realizar en clases prácticas o seminarios.

Conclusiones:

La Farmacología es una disciplina que ofrece contenidos esenciales para el desempeño profesional tanto del Médico General como del especialista; por tanto, el tratamiento del contenido de la misma constituye una responsabilidad de todos los docentes de la carrera para poder cumplir los objetivos que se propone el proceso formativo del médico en Cuba. Para realizar el tratamiento del contenido de la Farmacología el docente tiene que prepararse y una vía la constituye la superación profesional. Una vez preparados y sensibilizados con la tarea deben proyectarse a diseñar, desarrollar y evaluar actividades académicas, investigativas, laborales y extensionistas que le permitan cumplir con esta exigencia social.

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[1] El uso racional de los medicamentos implica obtener mejor efecto con el menor número posible de fármacos, durante el período más corto posible y a un costo razonable. (Cruz Barrios MA. Elementos para la prescripción racional de los medicamentos. En: Morón F, ed. Farmacología Clínica. La Habana: Ciencias Médicas; 2002.p.165-78.)

[2] Problemas de salud, entendidos como resultados clínicos negativos, derivados de la farmacoterapia que, producidos por diversas causas, conducen a la no consecución del objetivo terapéutico o a la aparición de efectos no deseados.

[3] Estas actividades se han desarrollado en el Marco de los Congresos de Farmacología y Terapéutica desde el año 2007, auspiciados por la Sociedad Cubana de Farmacología y en los cuales ha participado el autor de esta investigación como miembro de la Sección de Enseñanza de la Farmacología.

[4] Al emplear la enseñanza basada en problemas en las Ciencias Médicas, y de modo particular en la disciplina Farmacología, se fomenta la adquisición de conocimientos, valores, actitudes y habilidades sobre la base de problemas reales; se propicia el desarrollo de la capacidad de aprender de modo independiente y la capacidad de identificar y resolver problemas (Milián, 2007).

[5] Según VADI No 62 (2006), la educación en el trabajo en la Educación Médica Superior “constituye la forma organizativa donde se aplica, fundamentalmente, el principio marxista y martiano de combinar el estudio con el trabajo bajo la dirección del profesor o tutor”. Permite la formación de un profesional en el propio medio donde ejercerá después, y logra una mayor interrelación entre el centro de estudio y las entidades empleadoras.

El trabajo científico estudiantil, según la Resolución del Ministro de Salud Pública No. 15/1988, es la forma organizativa del proceso docente, cuyo objetivo fundamental es contribuir a formar habilidades y hábitos propios del trabajo técnico y científico investigativo en los estudiantes, por medio de la búsqueda de respuestas a problemas científico - técnicos de complejidad creciente, utilizando el método científico, y siempre bajo la asesoría de un docente.

[6] La Farmacología es una ciencia que tiene un campo de acción muy amplio, por lo que en Cuba los especialistas que se han dedicado a la formación académica, laboral e investigativa de los futuros médicos, han tenido que delimitar los objetivos y contenidos que debe incluir el programa de estudio de pregrado, para enseñarla como disciplina académica que responda a la formación de un Médico General de perfil amplio.

[7] Centra la atención en las bases científicas que regulan el uso de los fármacos, la interacción fármaco receptor y los procesos a los que están sometidas estas sustancias en el organismo.

[8] Esta asignatura enfatiza en los principales grupos de fármacos utilizados en el Sistema Nacional de Salud; estructurados en: clasificación, mecanismo de acción, acciones farmacológicas, efectos adversos, contraindicaciones, usos y presentación.

[9] Por lo general, estas asignaturas, utilizan los conocimientos de Farmacología en las actividades de educación en el trabajo, pero la práctica revela una situación contradictoria. Escenarios como las consultas médicas, pases de visitas docentes, guardias médicas, discusiones de casos, entre otros, no alcanzan la relevancia que pueden aportar para propiciar el aprendizaje farmacológico. En ellos se polariza el énfasis en los aspectos clínicos y lo relacionado con las bases científicas de la terapéutica, o sea, los saberes farmacológicos se desatienden de manera habitual (Milián, 2010).

 

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En este artículo se ofrece una definición de ¨tratamiento del contenido¨ y se hace énfasis en las posibilidades que existen en la carrera de Medicina para abordar los contenidos de una determinada disciplina en los espacios aúlicos, de educación en el trabajo, extensionista e investigativo.