La lectura: Los maestros y Harry Potter
Por: Juan Carlos Miranda Arroyo, Universidad Pedagógica Nacional
Me pregunto, más allá de la mercadotecnia y la voraz publicidad: ¿Qué relación existe entre los hábitos de lectura de una sociedad y la capacidad para lograr mejores niveles de vida, desarrollo y equidad? ¿qué escenarios de futuro se pueden trazar en torno a la educación básica mexicana, cuando observamos, por ejemplo, que el nuevo libro de Harry Potter rompe marcas de ventas en otras naciones, donde niños y jóvenes prácticamente se lo devoran con su lectura? ¿Acaso no podemos darnos a la tarea de crear (y recrear) escuelas de lectores que correspondan con las aspiraciones de una sociedad justa, libre y democrática?
Creo que en ello tiene mucho qué ver la labor del maestro. El trabajo docente que se lleva a cabo en las escuelas donde se desarrolla la educación básica en México (preescolar, primaria y secundaria), es clave para entender al sistema educativo nacional, porque dicha labor influye directamente tanto en la preparación como en las oportunidades de desarrollo para poco más de 23 millones y medio de niños y jóvenes de todo el país.
En esta franja del sistema educativo mexicano, que es a la vez su base, se reflejan sin embargo, ciertas prácticas y actitudes que son propias de un quehacer educativo conservador: En las escuelas predomina, por ejemplo, la falta de planeación administrativa y académica, escaso conocimiento sobre la estructura curricular, ausencia de criterios académicos en el diseño de estrategias y medios para evaluar los aprendizajes, desinterés hacia los programas de actualización en contenidos escolares o en diversos aspectos del desarrollo infantil; insuficiente capacitación en materia psicopedagógica; excesos en prácticas directivas y en el control sobre los alumnos; inclinación a mantener relaciones autoritarias y discriminatorias, tendencia hacia la "burocratización" y, en especial, existencia de un ambiente culturalmente pobre, o poco motivante para el desarrollo profesional de los maestros.
Por eso las movilizaciones que estos días han protagonizado en la Ciudad de México los maestros de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Estado de México y Distrito Federal, no sólo reivindican la petición de aumento salarial o la inmediata destitución de representantes sindicales, sino también una recomposición de la estructura misma del sistema educativo en los ámbitos nacional, estatal y municipal.
Queda claro que la obsolescencia de las prácticas educativas no sólo es exclusiva del sistema de educación pública, sino que también se extiende hacia el conjunto de las escuelas patrocinadas por particulares, puesto que ese proceso se encuentra vinculado no tanto con la organización administrativa y financiera de las escuelas públicas o privadas, sino con el accionar cotidiano de los maestros en los centros de trabajo, en las aulas y laboratorios, en talleres y auditorios. Esto se ve también dibujado en la interrelación que los docentes sostienen con sus alumnos en primera instancia, pero también con sus colegas, con los directivos, con los padres y madres de familia, y con el resto de los sectores sociales involucrados en los procesos educativos.
Por otro lado, la fragmentación del magisterio en pequeñas "islas" profesionales ha dado lugar a una desarticulación histórica y técnica del trabajo docente de la educación básica. Los tres niveles de enseñanza (preescolar, primaria y secundaria) cuentan con sus propios programas y planes centralizados, comunes y obligatorios de estudios en función de esa misma composición atomizada, y están organizados en lo administrativo de manera diferenciada, no sólo porque se tienen distintos perfiles académicos para sus profesores y sus procedimientos de supervisión educativa son completamente antagónicos, sino porque las tradiciones y las costumbres magisteriales así lo han impuesto durante los últimos 45 años.
En particular, los maestros y maestras de primaria (más de 500 mil en todo el país) realizan cotidianamente su trabajo en el aula en medio de limitaciones económicas, técnicas y socio-culturales, y viven casi en la incertidumbre laboral, aunque sean funcionarios públicos y no se les pueda mover de su trabajo o función, ni sea evaluado su desempeño en contra de sus derechos y obligaciones.
En México, el sistema educativo elemental no solamente se enfrenta a las carencias físicas y materiales que han frenado su desarrollo durante las últimas cinco décadas, sino que ha sobrevivido dentro de un ambiente cultural empobrecido. En otras palabras, el subsistema vive en un contexto cargado de insuficiencias, especialmente en lo que se refiere al desarrollo de actividades de recreación literaria, científica, histórica, artística y deportiva. Salvo casos excepcionales, (principalmente en escuelas ubicadas en zonas urbanas), la educación "avanza poco" y en condiciones adversas: sin bibliotecas, ni centros de cómputo, o laboratorios de idiomas, canchas deportivas, sanitarios adecuados, o lugares para el trabajo académico debidamente equipados, etcétera., por lo que la escuela del nivel básico, en cualquiera de sus tres niveles o modalidades, no cuenta con un ambiente cultural favorable y estimulante, que motive a quienes ahí trabajan o acuden, para que alumnos, maestros y directivos, junto con padres y madres de familia, se sientan poderosamente atraídos por esos centros escolares. Esto significa que las escuelas no se han constituido en verdaderos sitios de encuentro educativo y de difusión cultural hacia la sociedad.
La Educación Básica en México (preescolar, primaria y secundaria) se caracteriza por tener una estructura curricular rígida, desarticulada y obligatoria para todo el país, es decir, tiene una estructura nacional que carece de dispositivos de actualización permanentes en el plano curricular (contenidos, métodos, enfoques, estrategias de evaluación) y vuelve sumamente difíciles los esfuerzos de reforma curricular. Esto no sólo como consecuencia de su diseño único obligatorio, sino porque dicha organización no considera la pluralidad cultural que caracteriza al país, en los planos regional, estatal, municipal y comunitario.
Esto es sumamente grave porque la falta de actualización de los planes y programas abre, día a día, la brecha del conocimiento con respecto a los avances científicos, tecnológicos y humanísticos generados por el conjunto de la sociedad, pero también demanda de la incorporación de los distintos referentes culturales que caracterizan a cada comunidad. Un sistema educativo con tales limitaciones y resistencias, que pretende poner al alcance de los niños y niñas la cultura universal "básica", se vuelve obsoleto y en poco puede contribuir al desarrollo de una sociedad moderna y democrática.
Aunque no tengo la esperanza de encontrar en las páginas del nuevo libro de J. K. Rowling, la fórmula mágica que ayude a solucionar nuestros problemas, me dispongo a leerlo estas vacaciones.
