A Juan; un joven aspirante a docente

A Juan; un joven aspirante a docente

Rosa Emma Olivas Elías

110816.

En ocasiones, históricamente se suceden eventos semejantes y que parecen obedecer a la casualidad. No es así querido Juan.

En efecto, generalmente los sucesos sociales, entre los que destacamos los relacionados con el ámbito educativo en su conjunto, obedecen a causas profundas que son generadas e inducidas por la lucha entre las clases sociales en pugna. La ‘pureza’ desideologizada y/o apolítica de la educación es una quimera, creada por los poderosos, para inmovilizar a las clases desposeídas; es, en el mejor de los casos, una falacia.

En un sistema político-económico como el nuestro, la actividad educativa en su conjunto, conlleva, en sus fines, usos sociales, al tiempo que posee intenciones políticas determinadas desde el poder y en su beneficio fundamental, es decir, se concibe y maneja al sistema educativo como un gran aparato de control social, al servicio de las clases dominantes.

La caracterización del sistema educativo, es una determinación ideológica, misma que se manifiesta de diversas maneras, entre las que se destacan la selectividad social, la desigualdad de oportunidades y las desiguales relaciones pedagógicas. La primera, se hace patente al condicionar, no sólo el acceso del estudiante a la escuela, sino también su permanencia en ella, a su estado socioeconómico.  Con respecto de la “garantía” de igualdad de oportunidades “para todos”, aunque está elevada a rango de derecho constitucional, es decir, dada de manera formal y legal, la igualdad real se encuentra muy lejana de lo que la legislación indica y está, en cambio, determinada muy de cerca por lo que las depauperadas posibilidades concretas, sobre todo económicas, permiten. 

Finalmente, en lo tocante a las relaciones pedagógicas, esta situación, aunque, obviamente afecta a todos los tipos y modalidades educativas, es particularmente perceptible en el caso de la educación profesional y tecnológica, en que se busca no el bienestar de la persona, sino el aporte que, una vez calificado, hará al “sector productivo” (léase a los medios de producción en manos de las clases dominantes) y a la “economía del país” (léase a la apropiación del valor del trabajo de las clases dominadas, por parte de los primeros).

Dicho en otros términos, el supuesto beneficio de la “igualdad de oportunidades” y el espejismo de las posibilidades de la movilidad social, a través de la educación, son una monumental falacia dado que, entre otros, podemos destacar los siguientes factores:

En una sociedad dividida en clases sociales, los grupos que dominan los medios de producción, también controlan los modos de intervención social. LA EDUCACIÓN ES UNO  DE ESOS MODOS.

El sistema educativo mantiene el control ideológico de los dominados a través de la difusión permanente y sistemática de los valores de las clases dominantes, haciéndolos pasar como universales y comunes a toda la sociedad.

La educación exalta y promueve la generación de expectativas, así como la formación de aptitudes y actitudes,  para toda la sociedad y en nombre de ésta, cuando en realidad lo que  promueve y exalta es la visión que las clases dominantes tienen de sí mismas y de la misión  que destinan para las clases dominadas, es decir, no sólo controlan los medios de producción y  de distribución de los bienes de consumo (elementos económicos de dominación), sino que  también controlan los productos del conocimiento social (elemento ideológico de dominación).

Es evidente que la conformación de un sistema  de educación alternativo, es decir, que sea una educación liberadora, concientizadora y crítica no será instituida por las clases dominantes que detentan el poder. Toca, en consecuencia, a las fuerzas progresistas y democratizadoras de la sociedad, la construcción de las opciones viables de transformación y que, obviamente, no pueden dejar de lado por más tiempo, el enorme rezago salarial, así como el  constante deterioro de las condiciones de vida y laborales del magisterio mexicano, a cuya costa se ha edificado, en buena medida, el proyecto educativo neoliberal.

En fin, querido Juan, tu deber ético y moral para con tus futuros estudiantes o bien pasa por el rigor del análisis grupal, crítico y con espíritu formativo de cambio, o bien, tu actividad docente no pasará de la conformidad de cumplir ‘con el programa’ y se convertirá en un simple ‘refritear, más de mismo.

Los maestros en las calles están poniendo el ejemplo.

Con afecto 

Rosa Emma

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